Pantano de Vargas


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Para empezar a hablar de la batalla del pantano de Vargas, empecemos con el análisis militar del terreno es crucial para entender el desenlace de los enfrentamientos.
Tenemos el valle del Sogamoso, entre las ramificaciones de la cordillera oriental, en el departamento de Boyacá, entre los municipios de Paipa y Gámeza. Es atravesado por el río grande o Chicamocha, que posteriormente toma el nombre de Sogamoso y desemboca en el Magdalena. Es dentro de este escenario macro que se habrá de desenvolver el combate del Pantano de Vargas, más concretamente entre las poblaciones de Paipa y Duitama, zona plana donde emerge solitario el Cerro de la Isla. Dicho sector se anegaba recurrentemente, antes de la canalización del río, por los desbordamientos que se producían en los meses de invierno.
Por la margen izquierda del Chicamocha vierte sus aguas el río Surba, el cual separa dos reconocidos sitios de la historia militar de la independencia: Los Molino de Bonza hacia el occidente y los corrales de Bonza hacia el oriente.
Pero también es importante señalar, que al occidente de Duitama se halla la colina de Corgua; es en sus estribaciones que se encuentra la Hacienda de Bonza.
Hacia el sur del Valle del Sogamoso se localiza el famoso sector del Pantano de Vargas.
Queda anclado al oriente de Paipa; sus dimensiones pueden ser de cuatro kilómetros de longitud de sur a norte y kilómetro y medio de oriente a occidente; por el centro corre la quebrada de Vargas, “cuyos desbordes formaban hasta no ha muchos años pequeñas lagunas y hondos tremedales, de donde le ha venido el nombre al paraje”.[1]

El 25 de julio de 1819, cuando se dio la batalla del Pantano de Vargas, esto fue lo sucedido, desde la óptica del coronel Barreiro:
Hubo una noche oscura y lluviosa; los soldados españoles se dispersaron y tuvieron entre 140 muertos (entre estos tres oficiales) y heridos. “Como tengo observado que el sistema de Bolívar es encorralar sus tropas, a fin de que se batan desesperadamente y cubiertas con muy buenas posiciones, sería muy útil tener en la división un par de cañoncitos de montaña de los que existen en el parque, y un pequeño obús que me parece hay también; con estas armas se les obligaría a salir de su atrincheramiento y pelear en campo abierto, donde son más fácilmente deshechos”.
Al parecer los españoles alcanzaron a las tropas neogranadinas en ese punto del Pantano de Vargas. Presuntamente tenían los patriotas buenas posiciones en las alturas; el coronel Nicolás López fue comisionado por Barreiro para hacerse a estas posiciones en los cerros y atacar por la retaguardia a los ejércitos de Bolívar. Logrado esta misión por parte de los españoles, la posición estratégica de los colombianos fue delicada ya que además fueron empujados hacia una hondonada por cuenta de los realistas. “La desesperación les inspiró una resolución sin ejemplo, su infantería y su caballería saliendo de los abismos en que se hallaban, treparon por aquellos cerros con furor; nuestra infantería…no pudo resistir sus fuerzas…Tengo observado que Bolívar, poco satisfecho de la buena voluntad de sus tropas, elige siempre posiciones sin salida para que la desesperación produzca los efectos de valor”
Dice que los heridos de los granadinos llegan a 190 entre los que se cuentan al coronel del batallón inglés, que se le cortó un brazo.[2]

En 1819 no existían vías que influenciaran militarmente el terreno. El Ejército libertador tan solo trataba por ese sendero de buscar el camino que conduce a Tunja por Toca empalmando con él en El Salitre.
Ahora, conociendo ya las condiciones generales del terreno no obsta reiterar que las posibles maniobras de encubrimiento solo facilitan protección cuando las fuerzas hostiles ignoran completamente las posiciones del adversario. En este caso convendría hacer los movimientos estratégicos de noche puesto que no estarían tan visibles al bando rival.
Era claro que quien se apoderase de los cerros del Picacho o de la Guerra y del Cangrejo, tendría de por sí abrigo contra el fuego enemigo. Este tipo de terreno donde se dio el enfrentamiento del Pantano de Vargas puede catalogarse como semi cubierto (en las fechas cuando se dieron los acontecimientos). Como obstáculos[3] se pueden considerar: el río Chicamocha, los cerros conocidos hoy con los nombres de Bolívar, de la Guerra y el Cangrejo, así como también el mismo Pantano de Vargas.
¿Cuál era la situación de las fuerzas realistas?
Batallón Primero del Rey al mando del teniente coronel don Nicolás López, 500 hombres.
Batallón 2º del Rey, 200 hombres.
Batallón 2º de Numancia, al mando del teniente coronel don Juan Tolrá, 500 hombres.
Batallón 3º de Numancia, 100 hombres.
Total fuerzas de infantería, 1.300 hombres.

Dragones de Granada al mando del teniente coronel Víctor Sierra, siete compañías, 500 hombres (caballería).
Total de fuerzas realistas: 1.800 efectivos.

Barreiro sabía de la organización del Ejército libertador, pero sabía algo más. Se había noticiado de la situación política de Venezuela, donde los resultados de la campaña en ese territorio habían creado descontento entre los involucrados, que nombraron una suerte de Senado “que depuso del empleo de jefe supremo a aquel cabecilla, dejándole solamente la condecoración de general en jefe de su ejército, que él debía sostener y fomentar…” Suponía acertadamente, Barreiro, que Bolívar necesitaba ganar adeptos y recursos para “contrarrestar el poder del Senado y recobrar el Supremo que antes ejercía.” En este aspecto su instinto estratégico le funcionaba a las mil maravillas; pero donde no le advirtió absolutamente nada, fue en apreciar la capacidad combativa del ejército patriota: despreció la posible eficiencia de combate[4], su unidad, su moral, su disciplina, su entrenamiento y la magnética personalidad del comandante.
Aduce, el autor de la fuente consultada, que en esta subvaloración del contrincante radicó el debacle de sus tropas en este enfrentamiento y el posterior de la batalla de Boyacá. Pero así mismo el factor de éxito de los ganadores de esta pugna de independencia (el ejército granadino), fue su servicio de inteligencia.

¿Cuál era la situación del ejército patriota?
Las cifras presentadas a continuación son solo aproximadas, valga la pena aclararlo previamente.
División de vanguardia, comandante general de brigada Francisco de Paula Santander. Total: 1.100 efectivos.
Infantería.
Batallón de cazadores constantes de la Nueva Granada, comandados por el teniente coronel Joaquín París, 400 hombres.
Batallón de Línea de la Nueva Granada, 600 hombres, comandados por el coronel Antonio Obando.
Caballería.
Escuadrón Guías de Vanguardia, al mando del capitán Antonio María Durán, 100 jinetes.

División de Retaguardia, comandante general de brigada José Antonio Anzoátegui. Total: 1.270 efectivos.
Batallón, Bravos de Páez, comandante, coronel Justo Briceño, 300 hombres.
Batallón Barcelona, comandante, coronel, Ambrosio Plaza, 300 efectivos.
Batallón rifles, comandante, mayor Arturo Sandes, 250 hombres.
Batallón Legión Británica, comandante, coronel Jaime Rooke, 120 hombres.
Brigada de caballería.
Regimiento Infante. Escuadrón Dragones, capitán Julián Mellao, 100 efectivos.
Teniente coronel Leonardo infante, escuadrón Infante, 100 hombres.
Escuadrón lanceros, teniente coronel Juan José Rondón, 100 hombres.En total, aproximadamente, 2.000 efectivos de infantería y 400 de caballería.
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Bolívar era partidario de definir rápidamente la campaña puesto que la sorpresa era el arma predilecta del Libertador frente a los ejércitos de Barreiro.
Muy el 20 de julio de 1819 salió Bolívar en busca del ejercito realista en el Valle de Bonza. Desde las 23 horas de ese día se avistaron mutuamente y se parapetaron, habiendo además algunas escaramuzas. Barreiro pasó la noche en la casa de Boncita y Bolívar lo hizo en los corrales de Bonza.
El 21 de julio de 1819, Barreiro se mantiene a la expectativa, considerando el sitio donde estaban las fuerzas patriotas, de difícil acceso. Bolívar aprovecha la pasividad del ejército rival y traslada el cuartel general a la Despensa de Bonza. En horas de la noche intentó inclusive flanquear por la izquierda a Barreiro pero un torrencial aguacero (y la densa oscuridad misma) se lo impidió. El fracaso de este movimiento lo regresó a los corrales de Bonza. Allí planeó flanquear, al ejército realista para llegar a Tunja y cortarles la línea de suministro y comunicación con Santa Fe. Para ello debía atravesar el río Chicamocha[5], que andaba supremamente crecido debido a las lluvias fuertes de los días anteriores. Entonces mandó construir balsas[6] que estuvieron listas el 25 de julio, a las cinco de la mañana. El problema radicó en que se desbarataron algunas de estas balsas y quienes las conducían eran poco prácticos en estos menesteres…solo hasta las diez pudieron emprender el proyecto, pero ya la sorpresa se había perdido y fueron fácilmente visibles. A pesar de ello Bolívar decide seguir adelante, cometiendo de paso un par de errores garrafales: 1- ) cortó la línea de retirada a sus propias tropas, que en caso de haberlo requerido no habría tenido como dar marcha atrás debiendo entregar la vida en aquel sitio. 2- ) Separar demasiado una descubierta de infantería sin ningún tipo de apoyo, cuando lo lógico habría sido emplear a la caballería como respaldo.
Barreiro repostó ubicándose en sitios altos (alto de Murcia o cruz de Murcia) y contrarrestando la andanada patriota. El ejército libertador debió marchar entre el terreno dominado entonces por los españoles y el pantano, sin poder adoptar formaciones de combate. “…Bolívar se veía necesariamente forzado a atacar de frente una posición preparada para la defensa”.
Como en toda partida de estrategia, le tocaba mover al libertador, decidiendo que Santander y su división de vanguardia tomar el cerro del Picacho o de la Guerra, como posición dominante del sector. Este movimiento sería clave para sostener el peso de la batalla por parte de los granadinos.Las fuerzas españolas toman por su parte el cerro del Cangrejo y deciden retomar el cerro de la Guerra, lográndole efectivamente, desalojándolos de la posición alta hacia la quebrada de Varguitas. Los batallones Bravos de Páez y Rifles, apoyados por la Legión Británica contraatacaron, pero los refuerzos enviados por los realistas los hicieron retroceder nuevamente. Los españoles además lanzaron un ataque. La situación de las fuerzas patriotas era angustiosa. Según la tradición, Bolívar exclamó: “Se nos vino la caballería y se perdió la batalla”, a lo cual el teniente coronel Rondón quien tenía sus lanceros en la casa de Varguitas replicó: “¿Cómo va a perder si ni yo ni mis jinetes hemos peleado? Déjenos hacer una entrada.” Bolívar desconcertado le contestó: “Haga lo que pueda; salve, pues, usted, la patria coronel”.
El Coronel Rondón incitó a sus hombres a la lucha y se lanzaron al galope sobre sus enemigos, sembrando el desconcierto y el estupor en las huestes españolas, destacándose:
Juan José Rondón, teniente coronel, venezolano.
Julián Mellao, capitán, venezolano.
Valentín García, capitán.
Miguel Lara, capitán, granadino.
Domingo Mirabal, capitán, venezolano.
Caledonio Sánchez, capitán, venezolano.
José de la Cruz Paredes, teniente.
Rozo Sánchez, teniente.
Pablo Matute, teniente.
Pedro Lancheros, teniente.
Bonifacio Gutiérrez, subteniente granadino, de Piedecuesta.
Miguel Segovia, subteniente.
Pablo Segovia, subteniente (hermano del anterior).
Sargento 2º Inocencio Chincá, granadino.
Los resultados del combate, un “empate técnico”, con la moral para las tropas granadinas de haber, “igualado el marcador”, usando la jerga deportiva actual. “Por una reacción vigorosa que hizo, empeñó el combate de nuevo con desesperación: se apoderó de las alturas, y nuestro ejército, casi envuelto, sufría un fuego horroroso por todas partes. Otras tropas que no hubieran sido las de la República, habrían dejado escapar una victoria tan brillante como la que han obtenido…”
Según el parte dado por el ejército de Bolívar, tuvieron 104 bajas entre muertos y heridos, estando entre los oficiales los siguientes:
Muertos. División de vanguardia, Teniente de Cazadores Mateo Franco.
División de Retaguardia, Teniente coronel José Jiménez y capitanes Ramón García y capitanes Ramón Orta.
Legión Británica, coronel Jaime Rooke y teniente Casely.
De las bajas realistas no hay cifras exactas. Calcula el Coronel Riaño que fueron cercanas las bajas reales de ambos bandos, cercana a los 300 o 350 efectivos.
Como balance general de este combate del Pantano de Vargas, podemos decir que en primera instancia debió haberlo ganado el ejército realista, solo que la tenacidad patriota equilibró con empuje su falta de preparación.
Ninguno de los dos ejércitos quedó en condiciones de proseguir las operaciones, por tanto se dedicaron a buscar afanosamente refuerzos.
El gran triunfo moral de los neogranadinos radicó en haber sido vistos por primera vez como soldados y no como pordioseros por parte de Barreiro y su plana mayor.
La gran derrota de los ejércitos realistas radicó en la falta de mando porque definitivamente Barreiro no supo aprovechar la ventaja de un combate ventajoso para él.

[1] RIAÑO CAMILO. La campaña Libertadora de 1819, Sesquicentenario de la campaña libertadora de 1819, comisión especial asesora, Bogotá D. E., 1969, páginas 219-246.
[2]FUNDACION PARA LA CONMEMORACION DEL BICENTENARIO DEL NATALICIO Y EL SESQUICENTENARIO DE LA MUERTE DEL GENERAL FRANCISCO DE PAULA SANTANDER,. Los Ejércitos del Rey 1818-1819 Tomo II, Banco de la República departamento editorial, Bogotá D. E. 1989
[3] Obstáculos: elementos físicos que pueden oponerse al movimientos de las tropas atacantes.
[4] Cimentada en tradiciones y hazañas anteriores.
[5] Invadeable en invierno.
[6] Improvisadas, hechas de sauce y amarradas con juncos.
Nota: Para Camilo Riaño, en realidad no fue batalla. Veamos sus argumentos: Dice él que batalla es un choque entre dos fuerzas, con claras proyecciones estratégicas y la participación de la mayoría de las tropas de un teatro de operaciones; mientras tanto, combate es un choque entre dos fuerzas, resultando consecuencias tácticas tan solo. A este enfrentamiento le hizo falta la clara proyección estratégica para definir el conflicto finalmente.

La batalla del Pantano de Vargas se dio el 25 de julio de 1819, cuando los patriotas se enfrentaron a los españoles y los vencieron, gracias al arrojo de la caballería llanera encabezada por coronel venezolano Rondón, que prácticamente recuperó la batalla cuando estaba perdida.
En dicha batalla perdió la vida el valiente coronel James Rook de la Legión británica.
Tratando de reconstruir el escenario de esta cruenta batalla, bosquejemos en general la campaña libertadora cómo venía en ese año de 1819:
De un lado estaban los ejércitos realistas de Venezuela liderados por Pablo Morillo, cuyas tropas estaban acantonados en las montañas, y en cuya estructura interna predominaba la infantería. De otro lado estaban los patriotas en los llanos, comandados por José Antonio Páez, cuyas tropas era compuesta básicamente de caballería.
Ninguna de las dos fuerzas en conflicto buscaba la confrontación directa, los realistas no bajaban a los llanos ni los patriotas subían a las montañas.
¿Cuál fue la estrategia de Simón Bolívar?
La estrategia de Simón Bolívar fue diseñada entre 1816 y 1817, cuando el Libertador “soñó” ocupar Venezuela y liberar Nueva Granada. Estableció cruzar los Andes en la nueva Granada por el páramo de Pisba y enfrentar a los realistas en Boyacá para finiquitar la independencia de España.
El 23 de mayo de 1819, en la Aldea de los Setenta, Simón Bolívar plantea su plan militar a los oficiales venezolanos: la intención era invadir primero la Nueva Granada, liberar luego a Venezuela, llevando los alcances de la guerra a Quito, Perú y Alto Perú. Según el libertador era necesario ocupar el Casanare, unir las tropas venezolanas con las granadinas de Francisco de Paula Santander, cruzar los llanos, atravesar los Andes por la zona más difícil (para hacer más sorpresivo el movimiento tal vez), caer a la provincia de Tunja para enfrentar a un sorprendido ejército realista. En tanto Páez liderando la caballería, sometería a Cúcuta y sus alrededores desviando la atención de los enemigos hacia allí, dividiendo sus tropas y por ende debilitándolas.
¿Por qué invadir primero la Nueva Granada? Porque era sabido del enorme apoyo popular a la causa libertadora y el malestar frente al régimen del terror. No era gratuito que desde entonces el pueblo granadino se defendiese en grupos de guerrillas [1], tan efectivas, que algunas se unieron al ejercito libertador en el paso de los Andes y otras no dejaron reunir en un solo ejército las fuerzas españolas.
¿Y en qué consistía la estrategia de Morillo?
La concepción estratégica de Morillo era unir sus fuerzas, organizando la defensa inicial y posterior contraataque al ejército patriota. Tenía el firme propósito de enviar al mariscal de campo Miguel de la Torre, ir hacia Cúcuta e ingresar al virreinato presentando un frente de batalla unido y fuerte. Logrado esto, se supone que haría retroceder a Bolívar de nuevo hacia la cordillera oriental hacia Venezuela, desde donde pensaba atacarlo por la espalda para eliminarlo definitivamente. Pero el pacificador no tuvo en cuenta la rapidez de movimientos de las tropas de Bolívar, la sorpresa como elemento ganador ni el sigilo de sus planes. Tanto fue así que la no se le había ocurrido posible el paso del ejército patriota en época de inundaciones ni el rápido despliegue hasta Socha en cerca de 40 días, cuando los cálculos de los estrategas españoles asignaban unos 6 meses para ello.
El éxito en la batalla del Pantano de Vargas fue posible gracias a la vitalidad y entrega de los combatientes granadinos y al denodado apoyo de las masas campesinas de la provincia de Tunja.

Bibliografia consultada: Gutiérrez Cely Eugenio y Urrego Ardila Miguel Angel. 1001 cosas sobre la historia de Colombia que todos debemos saber. Circulo de lectores. Intermedio Editores, Santafé de Bogotá Colombia 1995.
OCAMPO LOPEZ JAVIER. El proceso político, militar y social de la Independencia. En Nueva Historia de Colombia 2. Era Republicana. Planeta colombiana Editorial S. A., Santafé de Bogotá 1989-1998.
[1] Llamadas por los realistas “grupos de bandidos”, o “ladrones”.

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